miércoles, 10 de marzo de 2010

La segunda ruptura industrial, un resumen de lectura

Esquema del capítulo 8

La segunda ruptura industrial
Michael J.Piore y Charles F. Sabel

El capítulo trata sobre las respuestas que dieron las grandes empresas a la crisis financiera de la década de los 70 y las nuevas estrategias económicas que surgieron de esta situación.

Empieza hablando de dos caminos que no dieron muy buen resultado:

- La formación de conglomerados: las grandes empresas trataron de aunar los riesgos de su mercado primario diversificándose en otros, bien fundando nuevas filiales o bien fusionándose con otras empresas. El problema radicó en que se la crisis no afectaba a un solo sector, sino a la economía en su conjunto, de modo que los riesgos de los que actuaron de este modo se acumularon en lugar de contrarrestarse. Dicen los autores: “es inútil apostar a tres caballos de diferentes colores si todos cojean de la misma pata”.

- La creación de multinacionales.

En la segunda parte del capítulo, los autores hablan de las alternativas que se encontraron a la producción en serie y cita varios casos:

- Los ordenadores: crear un único producto que fuera capaz de integrar a todo el mercado para producir en serie resultó imposible. La empresa IBM lo intentó pero para sus competidores era más fácil ofrecer piezas sustitutas más baratas e incluso que ofrecieran nuevas funciones.

La solución fue sacar al mercado un ordenador personal, una vez que la bajada del precio de los semiconductores lo permitía, que sirviera de “centro organizador” para los productos de las empresas competidoras. En lugar de definir un solo producto, se le permitió asimilar las innovaciones del resto… y se consiguió liderar el mercado…

- Los productos de entretenimiento doméstico: es imposible pensar en industria de escala cuando el público exige productos tan variados: películas, videojuegos, cintas… Por eso la solución pudo ser vender elementos por separado que le permitieran diseñar sus propios productos a los clientes: por ejemplo en el caso de la música altavoces, pletinas, amplificadores…

Por último en el capítulo se habla del éxito que supuso el resurgimiento del paradigma de la producción artesanal frente a la producción en masa y se citan casos como los de las miniacerías, la industria química, las máquinas herramientas y el de algunas zonas textiles, que frente a las grandes industrias idearon modelos para poder adaptarse a las peticiones cada vez más “caprichosas” de los clientes.

En el caso de la zona de Prato, en el norte de Italia, se consiguió incluso aumentar las ventas de artículos textiles en plena crisis. El secreto fue organizarse en pequeños talleres, frente a las grandes fábricas, coordinados por una figura que hacía de diseñador, responsable de idear la moda y organizar de la producción. El impannatore, que así le llamaban, “instaba a las empresas a probar materiales y procesos; y los éxitos de las empresas avivaban a su vez la creatividad del impannatore, haciéndole aún más exigente”.

Así se creó una industria muy elástica, puesto que aquellos talleres que no acertaran con las exigencias de los clientes un año podían ser subcontrados por los otros, que tendrían que atender a una mayor demanda.

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