En los 80 se transformó el Capitalismo, tras el espejismo de la justicia social del Estado Keynesiano, que se encargaba de redistribuir la renta a través de los impuestos a los que más tenían para legitimarse y mantener la economía, un cúmulo de circunstancias históricas, imperativos económicos y oportunidades tecnológicas permitieron a las grandes multinacionales aumentar el beneficio económico por unidad producida. El resultado: dejó de ser necesario que todos los ciudadanos consumieran y con ello dejó de serlo también un Estado que igualara las rentas.Algunas ideas de Marx volvían a estar de moda, el obrero se alejaba de lo que producía. Podía (y puede) contribuir a fabricar un coche y no permitirse tener uno. Regresa la anomia de Merton, no hay una relación entre los fines que una sociedad propone y las herramientas ésta pone a tu disposición para alcanzarlos.
Sin embargo, el movimiento obrero está en crisis, en los ochenta aumenta el individualismo porque cada trabajador es competencia para otro trabajador, no es casual que hayan aparecido la contratación temporal y hay sobreoferta laboral, entre otras cosas, por fenómenos como la incorporación de la mujer al mercado de trabajo. El que haya nuevos países industrializados a los que llevar la producción, o parte de ella, y la caída del bloque comunista tampoco ayudan.
Llega la descentralización de la producción, frente a la cadena de montaje tradicional las grandes empresas subcontratan a otras más pequeñas para que generen las piezas que luego ellas ensamblarán, y a veces ni esto último. Como miles de PYMEs de todo el mundo se ofrecen a cada gran corporación, estas últimas pueden permitirse bajar las retribuciones. Las pequeñas y medianas empresas tienen por tanto que bajar los salarios de sus empleados para poder competir. Existe por tanto dualidad productiva, el pequeño empresariado dominado por redes de subcontratación manejadas por los grandes.
Pero afortunadamente parece que queda un resquicio para la esperanza. La disgregación del mercado en pequeños nichos y la existencia de una cultura de la pequeña y mediana empresa permiten que éstas puedan asociarse para ocupar algunos espacios…
Frente a las grandes inversiones en investigación y desarrollo puede surgir la innovación por cooperación. Es decir, el nuevo sistema productivo podría aprovecharse para desarrollar el trabajo en las PYMES y sus territorios. Cooperación frente a grandes inversiones… pequeños y medianos frente a los gigantes… Es posible, hay ejemplos como la región italiana de Emilia-Romaña.
Al menos ese podría ser un camino frente a las multinacionales y el empeoramiento de las condiciones de trabajo…
Seguro que existen otros... fuera de la lógica capitalista…
Llega la descentralización de la producción, frente a la cadena de montaje tradicional las grandes empresas subcontratan a otras más pequeñas para que generen las piezas que luego ellas ensamblarán, y a veces ni esto último. Como miles de PYMEs de todo el mundo se ofrecen a cada gran corporación, estas últimas pueden permitirse bajar las retribuciones. Las pequeñas y medianas empresas tienen por tanto que bajar los salarios de sus empleados para poder competir. Existe por tanto dualidad productiva, el pequeño empresariado dominado por redes de subcontratación manejadas por los grandes.
Pero afortunadamente parece que queda un resquicio para la esperanza. La disgregación del mercado en pequeños nichos y la existencia de una cultura de la pequeña y mediana empresa permiten que éstas puedan asociarse para ocupar algunos espacios…
Frente a las grandes inversiones en investigación y desarrollo puede surgir la innovación por cooperación. Es decir, el nuevo sistema productivo podría aprovecharse para desarrollar el trabajo en las PYMES y sus territorios. Cooperación frente a grandes inversiones… pequeños y medianos frente a los gigantes… Es posible, hay ejemplos como la región italiana de Emilia-Romaña.
Al menos ese podría ser un camino frente a las multinacionales y el empeoramiento de las condiciones de trabajo…
Seguro que existen otros... fuera de la lógica capitalista…
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