miércoles, 26 de mayo de 2010

¿Por qué no abandonar la torre en lugar de destruirla?

Quizá esta entrada no tenga demasiado que ver con lo comentado en la última clase, pero sí que está relacionado con muchas ideas que se han desarrollado en el aula. Una de las imágenes clave que me llevaré de lo debatido en esta asignatura es que frente al poder de las grandes instituciones e intereses financieros el ámbito local y la innovación son una salida. Como la crisis económica ha puesto de manifiesto, es casi imposible enfrentarse frontalmente con estas instituciones... ¿dónde están? ¿quiénes son? Se trata de un poder difuso, "líquido" leía el otro día en un artículo que me envió una compañera. ¿Qué hubieran ganado los ciudadanos griegos tomando el Parlamento? ¿Ante quién podían presionar para que los especuladores financieros y el FMI no continuaran jugando con su economía?
Parece que no existe una alternativa global al sistema capitalista... es más, las grandes ideas casi dan miedo. El otro día leía en un cartel del Partido Comunista: "nosotros tenemos la solución". Yo casi prefiero que la busquemos entre todos, ya hemos hablado horas y horas sobre las ventajas de trabajar en grupo. ¿Quién nos impide ganar pequeños espacios que unidos formen una gran alternativa?
Quizá no haya que destruir el sistema... eso siempre conlleva violencia y la aparición en escena de personajes oscuros. ¿Quién que haya usado la violencia para alcanzar el poder no la ha seguido necesitando para mantenerse? En lugar de destruir la torre quizá la solución sea abandonarla poco a poco, recuperar para los ciudadanos espacios del ámbito local alejados de la mirada interesada del Capital. Como proponen los teóricos del decrecimiento, dedicar más tiempo al ocio creativo y a la convivencia y menos al consumo, crear cooperativas agroecológicas locales fuera de los circuitos comerciales, con precios más justos y menor impacto ambiental, potenciar iniciativas como los bancos de tiempo...
En definitiva, cambiar torre por cabañas... eso sí, interconectadas. Entonces la crisis la sufrirán ellos... Como tantas veces se ha dicho, lo que es verdaderamente utópico es que un aumento continuo del consumo y la producción pueda mantenerse en un planeta con recursos limitados, y más cuando año tras año se incrementan las diferencias entre ricos y pobres.

viernes, 14 de mayo de 2010

Comunicación, una parte clave de la innovación

En la última clase estuvimos reflexionando sobre el papel de la comunicación y los comunicadores en los modelos de desarrollo territorial que hemos estudiado desde que comenzó la asignatura.

La respuesta es sencilla: sin comunicación no pueden funcionar el modelo que se ha planteado hasta ahora y que se basa en las relaciones en grupo:

Individuo (valores-competencia profesional-experiencias)

Grupo (comunicación-creación de conocimiento)

Organización (acciones-materialización)

Es necesario que exista comunicación entre los actores –que para innovar deberán tener un problema en común y saber que lo tienen- para que del contraste de sus ideas, experiencias y competencias surja el conocimiento. Como ya hemos comentado en muchas ocasiones, del trabajo colectivo surgen ideas e iniciativas que superan con mucho la suma de las ideas de los individuos. Por eso, es necesaria la labor de comunicadores que creen espacios que puedan cumplir con este fin, como es el caso de las ferias.

En estos espacios pueden conocerse y trabajar en común los actores, pero también diferentes grupos ya constituidos que además aquí pueden contactar con las instituciones.

Asimismo, el comunicador, consciente de la importancia de estos procesos, puede desarrollar una labor de dinamizador y divulgador de las ventajas de la comunicación, teniendo siempre en cuenta con su éxito –la apropiación de la comunicación por parte de los actores- llegará el momento en que sea prescindible.

También se puede usar la comunicación para crear estados de opinión en la sociedad que obliguen a la comunidad política a aproximarse a los intereses de las comunidades o para extender el conocimiento ya adquirido entre otras comunidades que de esta forma puedan mejorar su funcionamiento.

domingo, 9 de mayo de 2010

…y el desarrollo territorial y la innovación llegaron a América Latina…

Todas las ideas de las que se hablaron en clases anteriores –una visión territorial frente a una visión sectorial del desarrollo, la gestión tecnológica integrada, la importancia de las pequeñas empresas…- llegaron a América Latina de la mano de los organismos multilaterales, las ONGs y los académicos. De manera que un modelo y unas metodologías prefabricadas nacidas en Europa empezaron a implantarse con resultados desiguales, lo que en muchos casos generó frustración. No podía arrancar sin cambios una metodología que había nacido en una región muy diferente, pues hacía falta tener en cuenta factores como los siguientes:

- Niveles de renta – ahorro – inversión: eran necesarios fondos para invertir y por tanto un endeudamiento externo.

- Factores políticos: la dificultad para construir consensos en torno a proyectos de largo plazo.

- Los dilemas que conllevaba la descentralización.

Sin embargo, la tradición participativa con la que contaba América Latina que, tras años de abandono de la ciudadanía por parte de las instituciones del Estado, se había articulado través de movimientos sociales que habían surgido para resolver los problemas de la población (producción, asistencia, derechos políticos y económicos) facilitó que comenzaran a surgir proyectos más flexibles que los nacidos en Europa.

Esta oleada coincidió con los escenarios democráticos que surgían tras 20 años de crisis política, lo que dio origen a modelos de desarrollo ideados desde abajo -y no implantados por los tecnócratas del Estado- siguiendo el siguiente modelo:

Inviduo (valores, competencias profesionales, experiencia) > Grupo (comunicación, creación de conocimiento) > Organización (acciones, materialización)

Aquí –como ya se ha comentado más de una vez- el grupo es la clave, pues ahí es donde se conocen las necesidades de la gente, de cuya interacción surge la innovación. La Villa El Salvador en Lima (Perú), Porto Alegre, el Proyecto Regional Participativo de Cajamarca (Perú) o los Arranjos Productivos Locais son solo algunos ejemplos.

domingo, 25 de abril de 2010

Manos a la obra...

En las últimas dos clases repasamos por un lado los nuevos modelos productivos que han permitido un cambio en el concepto de la innovación y nos pusimos manos a la obra comenzando nuestro propio proyecto por grupos.
En cuanto a lo primero, como ya había comentado el profesor Omar de León en más de una ocasión, recordamos cómo la segmentación de los mercados permitió que la escala de la PYMEs -pequeñas y medianas empresas- fuera más competitiva, puesto que podían especializarse en elaborar un solo producto y satisfacer así las demandas de un nicho de mercado.
Así, repasamos el modelo paradigmático de la región italiana de Emilia Romaña en el que las universidades, a través de institutos tecnológicos, colaboran con las empresas, mediante una estructura que trata de suplir las necesidades de una sociedad. La institución docente gana experiencia mientras que las pequeñas empresas consiguen innovar como las grandes a pesar de su limitación presupuestaria y de personal.
Por tanto, con este sistema, que cuenta con la ventaja de ser más flexible que el de la gran empresa, el panorama posfordista quedaba dividido en conglomerados de PYMEs, según el modelo de Emilia Romaña, y estructuras de subcontratación verticales manejadas por grandes empresas.
La primera de estas metodología llegó a España en 1983 a través del IMPI (Instituto de la Mediana y Pequeña Empresa). Más allá del sector, se consideró el territorio como unidad de trabajo. Los proyectos debían mantenerse en un largo plazo a pesar de las visicitudes, actuando la identidad local como pegamento.
En el caso de Andalucía se tendió hacia el desarrollo rural con visión territorial. Más allá de las actividades agrarias y ganaderas industriales se añadieron las relacionadas con los servicios y la artesanía. Aquí la unidad no fue la provincia ni el municipio sino la mancomunidad, como territorio en el que compartir servicios y racionalizar las inversiones.
De la mano de estas reflexiones llegamos a la última clase, en la que de una forma participativa decidimos qué trabajos de los que habíamos propuesto anteriormente serían abordados. Después de votaciones y mucho debate quedaron dos, en el caso de mi grupo la relación entre los Ayuntamientos y la participación ciudadana, y el estudio de nuevas formas de expresión y participación de los colectivos más allá de las prácticas tradicionales como las manifestaciones. En definitiva trataremos dos formas de profundizar en la democracia.
Y como "el primer paso para hacer es conocer", como nos comenta el profesor Roberto Carballo, nuestro primer paso será documentarnos sobre la realidad que vamos a estudiar.
Este será nuestro plan de trabajo:
1. Documentarnos.
2. Leer y compartir.
3. Relacionar.
4. Modelizar.
5. Plan expositivo.
Iremos comentando en el blog cómo va la experiencia. Por ahora nos toca ponernos "manos a la obra"...

miércoles, 14 de abril de 2010

Siempre mejor acompañado... Salud, República e innovación!

Aunque, según se comentó en clase, sin desarrollo individual no hay desarrollo comunitario –a veces no queda más remedio que usar la palabra desarrollo, por muy vapuleada que esté por sus connotaciones económicas- es la interrelación entre diferentes individuos la que crea nuevas ideas. Es decir, de la interacción surge una capacidad de reflexión exponencialmente superior a la suma de las capacidades individuales.

Por eso en la última clase decidimos trabajar una vez más en grupo para seleccionar qué temas desarrollaremos en los trabajos que entregaremos a final de curso. Una vez más innovación social y trabajo colectivo… esto pinta bien....

Por otro lado hoy es 14 de abril. Hace por lo tanto 79 años que se proclamó la Segunda República, un proyecto que supuso para un país tan atrasado como lo era España entonces –y como lo sigue siendo en demasiados asuntos- ponerse a la cabeza en innovación social en muchos e importantes aspectos. Pero la agonía de la Segunda República debido a la Guerra Civil, como recordaba el profesor, no supuso el fin de las innovaciones sino que la necesidad, principal motivación para estos procesos, puso en marcha una gran cantidad de proyectos novedosos para luchar contra las carencias.

Quizá hoy sea un buen día para recordarlo.

¡Salud, República e innovación!

miércoles, 7 de abril de 2010

Schumpeter y la innovación

Aunque actualmente se asocia innovación únicamente con tecnología, basándonos en las ideas de Schumpeter, otra de las fuentes puede ser la creación de nuevas formas de organización. Algo, a diferencia de lo primero, al alcance de las pequeñas y medianas empresas.
En una primera fase Schumpeter habla de las innovaciones como fenómenos que, al contrario de lo que sucede con los inventos, no aparecen de manera aleatoria sino que se concentran en ciertos momentos, como pudo suceder a finales del siglo XIX: el uso del ferrocarril, la luz eléctrica, la sociedad anónima... Ciertas concentraciones darían lugar a la puesta en marcha de un ciclo económico que se agotaría una vez que el mercado quedara copado por los nuevos productos resultantes de esta época. Así, el empresario sería considerado como el agente innovador: "obtendría beneficios mediante una competencia no basada en precios sino en innovación".
A partir de su obra Capitalismo, socialismo y democracia (1942) Schumpeter relaciona investigación con conocimiento y desarrollo con la forma de transmitirlo a la actividad empresarial. El capitalismo sería considerado como un sistema dinámico en permanente evolución y periódicamente revolucionado por oleadas de innovaciones, que en un primer momento vendrían de las grandes empresas. Sin embargo, en una segunda fase el lugar propicio para la innovación no sería la empresa de gran tamaño, puesto que esta idea está asociada a necesidades y una empresa de éxito tendrá menos.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Exposición de lo leído y un debate

En última clase pusimos en común lo aprendido en las lecturas de tres capítulos de La segunda ruptura industrial, de Michael J.Piore y Charles F. Sabel, y El taller y el robot de B. Coriat. Algunas ideas expuestas fueron las siguientes:

  • Tras la última ruptura industrial se impuso la especialización flexible en la producción: un modelo en el que se sustituye un producto único por varios que se adaptan a la oscilación de la demanda.
  • Pioret y Sabel hablan de dos salidas a la crisis: el keynesianismo multinacional, con una macrorregulación del mercado, o la citada especialización flexible de la producción.
  • La aparición de la informática le devuelve al hombre el control sobre el sistema de producción, subordinando a la máquina, de manera que esta se adapte a la producción de nuevos productos cambiando de software.
  • El punto anterior facilita la cristalización de la economía flexible.
  • Surge un mercado más dinámico, de manera que el que no es capaz de adaptarse e innovar compite explotando al trabajador.
  • El mercado determina la tecnología: en el siglo XIX el capitalismo evolucionó de lo artesanal a la especialización productiva. En este caso grandes mercados fomentaron la producción en masa.
  • Sin embargo en los sesenta, con la segunda ruptura industrial, se segmentaron los mercados, surgiendo tecnologías que permitían producir de manera diferenciada y en pequeñas series.

Fue un debate interesante el que se produjo en torno a la idea de la necesidad de un cambio de sistema económico, en el que podían distinguirse dos posturas.
Frente a la idea de la necesidad de articular las pequeñas y medianas empresas como una herramienta para competir en el mercado, aprovechando que su coordinación podría permitir la especialización flexible, surgió la duda de si realmente esto ayudaría a un cambio en un modelo productivo que a muchos parece injusto.
Dos posturas clásicas se vislumbraban aquí; la revolución –o en este caso la adopción de estrategias fuera del mercado- como “partera de la historia”, como una forma de adelantar un cambio social, frente a las revoluciones como fase ulterior a las transformaciones tecnológicas y sociales.