
Aunque actualmente se asocia innovación únicamente con tecnología, basándonos en las ideas de Schumpeter, otra de las fuentes puede ser la creación de nuevas formas de organización. Algo, a diferencia de lo primero, al alcance de las pequeñas y medianas empresas.
En una primera fase Schumpeter habla de las innovaciones como fenómenos que, al contrario de lo que sucede con los inventos, no aparecen de manera aleatoria sino que se concentran en ciertos momentos, como pudo suceder a finales del siglo XIX: el uso del ferrocarril, la luz eléctrica, la sociedad anónima... Ciertas concentraciones darían lugar a la puesta en marcha de un ciclo económico que se agotaría una vez que el mercado quedara copado por los nuevos productos resultantes de esta época. Así, el empresario sería considerado como el agente innovador: "obtendría beneficios mediante una competencia no basada en precios sino en innovación".
A partir de su obra Capitalismo, socialismo y democracia (1942) Schumpeter relaciona investigación con conocimiento y desarrollo con la forma de transmitirlo a la actividad empresarial. El capitalismo sería considerado como un sistema dinámico en permanente evolución y periódicamente revolucionado por oleadas de innovaciones, que en un primer momento vendrían de las grandes empresas. Sin embargo, en una segunda fase el lugar propicio para la innovación no sería la empresa de gran tamaño, puesto que esta idea está asociada a necesidades y una empresa de éxito tendrá menos.
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