domingo, 25 de abril de 2010

Manos a la obra...

En las últimas dos clases repasamos por un lado los nuevos modelos productivos que han permitido un cambio en el concepto de la innovación y nos pusimos manos a la obra comenzando nuestro propio proyecto por grupos.
En cuanto a lo primero, como ya había comentado el profesor Omar de León en más de una ocasión, recordamos cómo la segmentación de los mercados permitió que la escala de la PYMEs -pequeñas y medianas empresas- fuera más competitiva, puesto que podían especializarse en elaborar un solo producto y satisfacer así las demandas de un nicho de mercado.
Así, repasamos el modelo paradigmático de la región italiana de Emilia Romaña en el que las universidades, a través de institutos tecnológicos, colaboran con las empresas, mediante una estructura que trata de suplir las necesidades de una sociedad. La institución docente gana experiencia mientras que las pequeñas empresas consiguen innovar como las grandes a pesar de su limitación presupuestaria y de personal.
Por tanto, con este sistema, que cuenta con la ventaja de ser más flexible que el de la gran empresa, el panorama posfordista quedaba dividido en conglomerados de PYMEs, según el modelo de Emilia Romaña, y estructuras de subcontratación verticales manejadas por grandes empresas.
La primera de estas metodología llegó a España en 1983 a través del IMPI (Instituto de la Mediana y Pequeña Empresa). Más allá del sector, se consideró el territorio como unidad de trabajo. Los proyectos debían mantenerse en un largo plazo a pesar de las visicitudes, actuando la identidad local como pegamento.
En el caso de Andalucía se tendió hacia el desarrollo rural con visión territorial. Más allá de las actividades agrarias y ganaderas industriales se añadieron las relacionadas con los servicios y la artesanía. Aquí la unidad no fue la provincia ni el municipio sino la mancomunidad, como territorio en el que compartir servicios y racionalizar las inversiones.
De la mano de estas reflexiones llegamos a la última clase, en la que de una forma participativa decidimos qué trabajos de los que habíamos propuesto anteriormente serían abordados. Después de votaciones y mucho debate quedaron dos, en el caso de mi grupo la relación entre los Ayuntamientos y la participación ciudadana, y el estudio de nuevas formas de expresión y participación de los colectivos más allá de las prácticas tradicionales como las manifestaciones. En definitiva trataremos dos formas de profundizar en la democracia.
Y como "el primer paso para hacer es conocer", como nos comenta el profesor Roberto Carballo, nuestro primer paso será documentarnos sobre la realidad que vamos a estudiar.
Este será nuestro plan de trabajo:
1. Documentarnos.
2. Leer y compartir.
3. Relacionar.
4. Modelizar.
5. Plan expositivo.
Iremos comentando en el blog cómo va la experiencia. Por ahora nos toca ponernos "manos a la obra"...

miércoles, 14 de abril de 2010

Siempre mejor acompañado... Salud, República e innovación!

Aunque, según se comentó en clase, sin desarrollo individual no hay desarrollo comunitario –a veces no queda más remedio que usar la palabra desarrollo, por muy vapuleada que esté por sus connotaciones económicas- es la interrelación entre diferentes individuos la que crea nuevas ideas. Es decir, de la interacción surge una capacidad de reflexión exponencialmente superior a la suma de las capacidades individuales.

Por eso en la última clase decidimos trabajar una vez más en grupo para seleccionar qué temas desarrollaremos en los trabajos que entregaremos a final de curso. Una vez más innovación social y trabajo colectivo… esto pinta bien....

Por otro lado hoy es 14 de abril. Hace por lo tanto 79 años que se proclamó la Segunda República, un proyecto que supuso para un país tan atrasado como lo era España entonces –y como lo sigue siendo en demasiados asuntos- ponerse a la cabeza en innovación social en muchos e importantes aspectos. Pero la agonía de la Segunda República debido a la Guerra Civil, como recordaba el profesor, no supuso el fin de las innovaciones sino que la necesidad, principal motivación para estos procesos, puso en marcha una gran cantidad de proyectos novedosos para luchar contra las carencias.

Quizá hoy sea un buen día para recordarlo.

¡Salud, República e innovación!

miércoles, 7 de abril de 2010

Schumpeter y la innovación

Aunque actualmente se asocia innovación únicamente con tecnología, basándonos en las ideas de Schumpeter, otra de las fuentes puede ser la creación de nuevas formas de organización. Algo, a diferencia de lo primero, al alcance de las pequeñas y medianas empresas.
En una primera fase Schumpeter habla de las innovaciones como fenómenos que, al contrario de lo que sucede con los inventos, no aparecen de manera aleatoria sino que se concentran en ciertos momentos, como pudo suceder a finales del siglo XIX: el uso del ferrocarril, la luz eléctrica, la sociedad anónima... Ciertas concentraciones darían lugar a la puesta en marcha de un ciclo económico que se agotaría una vez que el mercado quedara copado por los nuevos productos resultantes de esta época. Así, el empresario sería considerado como el agente innovador: "obtendría beneficios mediante una competencia no basada en precios sino en innovación".
A partir de su obra Capitalismo, socialismo y democracia (1942) Schumpeter relaciona investigación con conocimiento y desarrollo con la forma de transmitirlo a la actividad empresarial. El capitalismo sería considerado como un sistema dinámico en permanente evolución y periódicamente revolucionado por oleadas de innovaciones, que en un primer momento vendrían de las grandes empresas. Sin embargo, en una segunda fase el lugar propicio para la innovación no sería la empresa de gran tamaño, puesto que esta idea está asociada a necesidades y una empresa de éxito tendrá menos.