Después de nuestra primera experiencia como grupo de trabajo en clase, analizaré la figura del observador. Mientras que cuatro o cinco compañeros debatíamos, en este caso sobre aquellos factores que contribuyen a la innovación, su papel era ir anotando las ideas que aportábamos cada uno para luego ofrecernos un resumen elaborado por él –ella en este caso- sobre el que llegaríamos a un consenso.Aunque se trata de una figura que pasa desapercibida el papel del observador no puede ser más importante. A los pocos minutos de comenzar, los participantes en el debate terminamos enzarzándonos en el tema propuesto sin acordarnos de que alguien estaba recogiendo nuestras propuestas y puntos de vista. Si bien en este caso no era así, sí que puede decirse que toda reunión es una lucha de egos; a todos nos gusta saber que las ideas que hemos aportado han sido tenidas en cuenta. Por tanto, que una figura aparentemente neutral recoja todas las ideas por igual impide que la jerarquía o la mejor capacidad de oratoria de alguno de los miembros de la mesa de debate permita que imponga sus opiniones.
Asimismo, el que el observador se dedique a anotar lo comentado sirve para poder repasar al final de la reunión las ideas vertidas sobre la mesa sin que ninguno de los que ha participado en el debate haya perdido la oportunidad de expresarse o de pensar nuevas ideas mientras escribía lo que comentaban otros.
Al parecer, según comentó el profesor Roberto Carballo, esta figura irá rotando, por lo que de manera democrática cada uno de los miembros del grupo asumirá su deber mejorando así la aportación de ideas.
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